La experiencia de la telerehabilitación frente al ictus de José María y su familia.

agosto 13, 2020

El mismo día que en España se declaraba el estado de alarma (13 de marzo de 2020) a mi padre le dio un ictus. No lo supimos hasta varios días después.

 

Paqui y Charo, hijas de paciente con ictus.

Mi padre padece hipertensión desde hace mucho tiempo y tiene 71 años, pero es una persona muy fuerte, luchadora, constante y positiva. Nunca me hubiese imaginado que esto le podría pasar a él.

Ese día se levantó y tuvo un pequeño mareo a media mañana que achacó a la tensión, que la tenía un poco elevada. No fue hasta la tarde cuando comenzó a sentirse peor. De repente le dio un mareo fortísimo, nos dijo que todo le daba vueltas y empezó a vomitar.

Debido a la situación de la crisis sanitaria, ante cualquier problema se aconsejó a todo el mundo que llamara a los teléfonos de urgencias y que no acudiésemos a los centros de salud. Así que llamé al teléfono de urgencias del consultorio médico de mi pueblo y el médico que me atendió me preguntó sobre sus síntomas, si tenía fiebre, su presión arterial, etc. Como la presión arterial estaba un poco elevada nos mandó ponerle una pastilla de esas que se ponen debajo de la lengua y nos aseguró que en una media hora le bajaría.

Pasado ese tiempo mi padre no mejoraba por lo que decidí llevarle a urgencias en el consultorio de mi pueblo. Error por mi parte y del que después me arrepentiría, ya que tenía que haberle llevado a urgencias del hospital, cosas que no hice por la alerta sanitaria.

El médico de urgencias en el consultorio de diagnosticó vértigos y le recetó unas pastillas para los mareos y Paracetamol para el dolor de cabeza. 

Pasados varios días mi padre seguía con mareos y sin poder ponerse en pie (cosas que achacamos a los mareos), se levantó con la garganta inflamada y la voz ronca, no podía tragar nada y casi no podía hablar.

El médico de familia del consultorio que lo atendió le realizó un chequeo y nos mandó a urgencias del hospital. Llamé al 112 y me dijeron que sería mucho más rápido que lo llevásemos en nuestro coche, que las ambulancias estaban saturadas. También llamé a la Guardia Civil para que me dijeran como debíamos trasladarnos en coche y me fui sola con mi padre.

En urgencias del hospital lo vieron inmediatamente. Le hicieron toda clase de pruebas y el diagnóstico fue: Infarto en territorio de arteria cerebelosa posteroinferior, o lo que es lo mismo, ICTUS.

Los doctores que le atendieron en urgencias, debido a la situación de alerta sanitaria y puesto que las 72h posteriores a un ictus son las más críticas y ya las había pasado en casa, consideraron que lo más conveniente era que mi padre siguiera en casa.

Así que sorprendidos por la fortaleza de mi padre (así me lo hizo saber la doctora) le recetaron algunas medicinas, le pidieron varias pruebas que debía hacerse lo antes posible, me dieron algunas recomendaciones y nos fuimos a casa. Debido al estado de alarma las consultas de médicos especialistas fueron suprimidas.

 

Los días siguientes fueron horribles. Se nos cayó el mundo encima. No sabíamos si los síntomas que aún tenía eran normales o no, no sabíamos qué hacer, a quien acudir… y encima nos embargaba un sentimiento de culpa horrible por no haber ido antes al hospital.

 

Nadie que no se haya encontrado en una situación similar puede saber el sentimiento de agobio, de frustración… nos sentíamos perdidos, desamparados y solos ante una situación que no sabíamos cómo debíamos llevar, sin nadie que nos orientara, sin consultas de médicos de ninguna clase, sin realizarle las pruebas médicas que le habían mandado, sin que le hicieran un seguimiento… Y en lo personal, sin poder contar con la presencia de mi hermana, que vive fuera de mi pueblo.

Un par de días después fue precisamente un compañero de trabajo de mi hermana quien nos puso en contacto con María Jesús y nos dijo que ella nos ayudaría. Y tenía razón.

María Jesús es propietaria de la Clínica de rehabilitación Uner y lleva casos como el de mi padre. Y aunque en ese momento todo estaba cerrado, sin consultas, ni citas, ni nada… María Jesús nos ayudó desde el primer momento.

Cuando hablamos con ella enseguida se interesó por el caso de mi padre. Nos animó. Y nos dijo que le enviásemos el informe médico, imágenes de mi padre comiendo, viendo la televisión, hablando… A partir de esa información le mando varios ejercicios y nos dio instrucciones de lo que debíamos hacer.

 

María Jesús fue nuestra única esperanza. La luz en medio de la oscuridad. Nuestra tabla de salvación. No os podéis imaginar el alivio que sentimos en aquel momento.

 

Unos días después nos propuso hacer rehabilitación virtual a través de la plataforma Meet. Comenzamos a conectarnos y ella nos puso en contacto con otros profesionales de su equipo (fisioterapeutas, logopedas, optometristas, médicos, terapeutas ocupacionales…) Todos ellos nos dicen los ejercicios que debe hacer y ven como los realiza, pudiendo de esta forma hacer un seguimiento.

Solo puedo decir que a día de hoy (5 de mayo de 2020) a mi padre aún no le han realizado ninguna prueba médica, ya que después de darnos varías citas, fueron anuladas de nuevo. Y que gracias a María Jesús y a su gran equipo de profesionales ha mejorado la disfasia y traga los alimentos mucho mejor, habla mucho mejor, ve mucho mejor y por lo menos los mareos son menos frecuentes y más espaciados en el tiempo y ¡ha comenzado a caminar solo sin ayuda de bastón ni andador!, e incluso ha comenzado a hacer tareas cotidianas que hacía anteriormente.

No tenemos palabras suficientes para expresar nuestro agradecimiento a María Jesús y a todo su equipo de Clínica Uner por todo lo que han hecho y siguen haciendo por mi padre.

Damos gracias a Dios todos los días porque en este mundo aún hay buenas personas, humildes, con una humanidad impresionante, profesionales… como todo ellos.

Gracias, gracias, gracias infinitas de toda mi familia. Por tanto y por todo.

 


 

Compartimos ahora este valioso testimonio que las hijas de José María compartieron con todo el equipo en unos momentos muy duros, felices de poder decir que José María se encuentra perfectamente y ya ha sido dado de alta (Agosto 2020). En la fotografía le vemos junto a sus hijas ese mismo día, y queremos agradecerles enormemente que no se rindiesen, que buscaran soluciones y pusiesen todo de su parte en la rehabilitación a distancia, porque gracias a todo el esfuerzo de la familia hoy tenemos un final así de feliz. 

Desde Fundación Uner queremos agradecer también a todo el equipo de profesionales que de forma voluntaria han ayudado en la recuperación de José María y otros pacientes que nos necesitaban en estos duros momentos. Vuestros esfuerzos cambian vidas y hacen viva nuestra frase "desde el cerebro, con el corazón".




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